y cerramos los ojos

Yo no quisiera tener la última palabra. No la tengo. Seguiríamos hasta que amaneciera en la noche de los tiempos. Se nos acabarían todas las botellas de la cava y aún estaríamos en esto. La tormenta pasaría y la luz entraría por la ventanas. De lo brillante del día tendríamos que cerrar los ojos. Las cosas vivas persiguen su destino, y esto incluye desafiarlo para luego aceptarlo para después rechazarlo nuevamente. Cedo mi palabra para escuchar. Me quedo con tu voz cuando la leo en voz alta. Perdóname porque es tuya y no mía. La amistad es un paréntesis en el diario devenir de la miseria. Dialogar para tener razón de seguir vivos. No hay puntos finales.

una cosa viva

diciembre 14, 2009 Los comentarios están cerrados

Si cierro los ojos puedo escuchar cómo es que agazapa la hoja, respira y crece. Así el arbusto, así la pequeña planta del interior, así el jardín entero, así el bosque.

Cada mañana me planto frente al mercado que ya colocó sus árboles navideños (son como ochenta, de distintas formas y tamaños, distintos tonos de verde)  los toco y siento la humedad de un lugar lejos de aquí, un lugar donde fueron arrancados para no volver a ver su especie; sus hojas espinosas no crecerán más, son árboles heridos de tajo pero verdes aún, resistiendo con la savia en la boca un mes más, a lo mucho seis semanas más, salpicando al que pasa con su olor de antes, su humedad de antes.

Este pedazo de bosque es una cosa viva. Adormecida, dispuesta a soportar la vejación de su corona y sus gritos centelleantes de luces alrededor. Una cosa que si nos acercamos y cerramos los ojos podemos escuchar cómo va latiendo cada vez menos, acertivamente, despidiendo su vida breve, su aire de lejanía entero. El tiempo se detiene en las ramas perezoso, haciéndose el loco; la muerte juguetea un poco; los compradores comparan, tocan, se conmueven pero terminan llevando uno a casa, a ponerlo al centro, para recordar, mirando esta cosa viva, que la vida es frágil y se desmorona.

a veces los cactus

diciembre 13, 2009 Los comentarios están cerrados

Tengo una plantita desértica. Es de un verde alienígena y de una textura definitivamente erótica. Vive en la mesa de la cocina desde hace un año; cuando llegó a la casa estaba cubierta de polvo de estrellas. No tiene espinas pero hay que tocarla con cuidado, es frágil y aunque tímida su piel es casi transparente. Cuando no la estamos mirando crece, se alarga silenciosamente como queriendo alcanzar el cielo. Les juro que era pequeñita, pero ahora es alta, fuerte, y cada día más y más extraña. Es raro porque es un objeto de tres dimensiones que además se extiende en la cuarta; es una cosa viva que no habla con palabras. Pareciera que no hace más que ser ella misma, sin hacer realmente nada. Pero a veces los cactus florecen y nos dicen con su presencia que hay sentido y hay belleza en el simple y diario devenir de sentarse en la cocina.

a veces dagas

diciembre 10, 2009 Los comentarios están cerrados

Aquí llegamos, aquí no veníamos.

José Lezama Lima (citado por Waldo Leyva)

A veces dagas, a veces cuchillas afiladas de días que son polvo: la escritura es memoria entre tantas cosas porque solemos olvidarlo todo.  No hay origen ni punto de partida: es el sofá que acondiciona la pereza, es el escritorio que obliga al orden, es la cocina que trae al tiempo ordinario de los alimentos y la buenaventura del estómago. A veces no concilio el sueño ni vuelvo a mi peso ideal ni recuerdo los deberes. A veces consigo olvidar lo que quiero olvidar, pero otras, otras escribo. Ahí, al lugar donde ya no estoy, en el tiempo que ya no estoy, puedo volver las veces que quiera. Podría escribir tu cuerpo en la habitación conmigo o sin mí y volverte a ver las veces que quiera. Querer es volver. Escribir es volver. Por volverte lo que eres escribo. Ahí duermo a veces cuando no puedo dormir: al escrito donde estás. Pero para escribirte tuve que memorizarte y notar mentalmente los detalles del calor y del roce y de los codos y las rodillas y los dientes, las cejas. Antes de eso, de escribirte, tuve que tocarte y antes de eso tuve que pensar qué iba a hacer cuando te viera. A veces duermo mejor de ese lado de ti que del mío. A veces duele leerte, a veces duele cerrar el texto donde estás. A veces sonrío porque la habitación descrita es fresca y siempre es de tarde. Traigo tu memoria a mí. Te dibujo con palabras y perduras el tiempo que yo quiera.  Violento o amoroso, logro formarte de palabras que son cosas. Si digo lluvia, si digo día, si digo destierro o cardúmenes, pastel de crema, si digo siglo o parada de autobús, si digo página, si digo tú. Si digo creer. A veces abrazo el sol que cae, a veces los cactus florecen. A veces.

no digo creer

diciembre 8, 2009 1 comentario

Es curioso cómo la combinación de tres palabras puede evocar tantas cosas en uno aquí sentado en un sillón. Arruiné las persianas hace un par de meses tratando de sacar a un avispón amarillo y regordete que zumbaba como avión, y ahora la débil luz de la mañana se refleja brillante en esta página y mi rostro aparece cruzado por sombras de escritura noir con olor a lluvia y a sangre derramada.

Dejarse ir, sólo permitir que discurra este encuentro donde lo decimos todo y no decimos nada. A veces pienso que eso es la escritura, una colección de máscaras y escudos, a veces dagas. A veces cambio de opinión y pienso que no, que sí, que la escritura es cobertura pero también es la revelación de lo que escondemos, sólo dicho de otro modo. No digo creer, tres pequeñas palabritas que resuenan en mí por su belleza.

el sol de mañana

diciembre 6, 2009 Los comentarios están cerrados

Saldré de esta noche/ y el sol de mañana no podrá dibujarme.

Waldo Leyva.

Si alguien pregunta no digas de esta unión de labios imprecisa, si alguien pregunta no digas del futuro del verbo querer, si alguien pregunta nodigas que crees en el mañana. El país es un malecón sin mar, pero nos asomamos de todas formas a sus calles secas, a su paisaje dorado, porque hay en la memoria el pasado silencioso de hombres y mujeres disolviéndose. El país es un terrón de arena, insípido la mayoría del año. Los días se desprenden y las aceras se inundan de días secos. Si alguien pregunta no hay dibujos de tí y de mí huyendo de nosotros, salvándonos como podíamos, sin comprender que quien huye se queda para siempre. Si alguien pregunta no hay miedo, sólo esta breve incertidumbre que se le parece tanto. Mira, las mujeres alargadas del talle pasean a sus perros, hay feria, es domingo, los árboles de navidad se colocan con lazos blancos en los techos de los autos, mira, hay un bosque entero si te asomas desde aquí y miras cómo se desplazan tantos árboles atados de manos y de pies. Mira, no digo creer pero  hay lugares en los que se vive mejor, hay otros donde sólo está la sensación de que podríamos estar de otra manera. Si alguien pregunta no importa.

e pur si muove

diciembre 3, 2009 Los comentarios están cerrados

The fields of Eden/Are full of trash/But if we beg and we borrow and steal/We’ll never get it back.

-Las Piedras Rodantes

Se nos olvida que también existen las certezas. No la seguridad de que todo terminará en lágrimas (porque eso es innegable) sino una cierta actitud ante el desastre. Decir, no somos veletas vapuleadas por las presiones atmosféricas, tenemos voluntad y podemos decir ya no me gusta esto. Los años pasan y el sentimiento de no ser nada puede hacerse gigantesco. Lo que veo a mi alrededor son signos muy distintos dependiendo a qué hora me levante o en que idioma se me anude la lengua. No sé en qué momento perdimos la capacidad de mirar la agenda y decir, “estoy seguro que en esta ignota fecha del futuro estaré vivo y podré hacer esto que hoy me propongo realizar.” En lugar de eso admitimos contentarnos con la azarosa fortuna del presente, aunque también se escurra entre los dedos de la mano. No hay duda que hay poesía en el acto más pequeño y resistencia también en el decidir recargarse en la pared, la espalda amiga, el libro hermano. Los porvenires se dibujan de maneras diferentes, y sin embargo cómo quisiera que ante la miseria deprimente pudiéramos decir, “no soy un imbécil lector de panfletos de superación personal si pienso que este es mi destino y que es posible combatir la mierda con el trabajo de mis manos y el compromiso de mis decisiones.” Ojalá la oración no sonara a eso, a plegaria mediocre de iglesia lumpenproletaria para los desposeídos de espíritu y materia. Hubo un momento en algún lugar de un gran país en que nos creímos que la inteligencia era cinismo y descreencia. Pero no hay alternativa y la mente es también una prisión, stuck between a rock and a hard place. ¿Me pasas la catsup?