a veces dagas
Aquí llegamos, aquí no veníamos.
José Lezama Lima (citado por Waldo Leyva)
A veces dagas, a veces cuchillas afiladas de días que son polvo: la escritura es memoria entre tantas cosas porque solemos olvidarlo todo. No hay origen ni punto de partida: es el sofá que acondiciona la pereza, es el escritorio que obliga al orden, es la cocina que trae al tiempo ordinario de los alimentos y la buenaventura del estómago. A veces no concilio el sueño ni vuelvo a mi peso ideal ni recuerdo los deberes. A veces consigo olvidar lo que quiero olvidar, pero otras, otras escribo. Ahí, al lugar donde ya no estoy, en el tiempo que ya no estoy, puedo volver las veces que quiera. Podría escribir tu cuerpo en la habitación conmigo o sin mí y volverte a ver las veces que quiera. Querer es volver. Escribir es volver. Por volverte lo que eres escribo. Ahí duermo a veces cuando no puedo dormir: al escrito donde estás. Pero para escribirte tuve que memorizarte y notar mentalmente los detalles del calor y del roce y de los codos y las rodillas y los dientes, las cejas. Antes de eso, de escribirte, tuve que tocarte y antes de eso tuve que pensar qué iba a hacer cuando te viera. A veces duermo mejor de ese lado de ti que del mío. A veces duele leerte, a veces duele cerrar el texto donde estás. A veces sonrío porque la habitación descrita es fresca y siempre es de tarde. Traigo tu memoria a mí. Te dibujo con palabras y perduras el tiempo que yo quiera. Violento o amoroso, logro formarte de palabras que son cosas. Si digo lluvia, si digo día, si digo destierro o cardúmenes, pastel de crema, si digo siglo o parada de autobús, si digo página, si digo tú. Si digo creer. A veces abrazo el sol que cae, a veces los cactus florecen. A veces.