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Archivo para 30 abril 2009

los instantes caen, acumulan.

abril 30, 2009 Los comentarios están cerrados

Busco sin encontrar, escribo a solas,

no hay nadie, cae el día, cae el año,

caigo con el instante, caigo a fondo

Octavio Paz, Piedra de sol.

Yo que dormía buscándote pero no había nadie. Después de tanto, no había nadie. Este tiempo que no cesa y nos llena de alfileres la cabeza, alfileres como martillos que dicen lo que tenemos que hacer ya, es ahorita, no perder más el tiempo que es un bien precioso. Levántate y anda, busca, aliméntate y busca, trabaja, camina, acércate a los demás, no hagas daño, no desees fuera de los límites, en los viajes se pierde tu tiempo interior, y hay tardes en que te sentirás hecha galería de agua: toda llanto, pero no te dejes caer; por ningún motivo te dejes caer, levántate y anda. Así lo hacen todos. ¿O crees que los demás mienten? Mira a tu alrededor, mira tu ciudad, tu país, mira bien, mira a los rostros: la gente anda, con prisa o no pero anda. ¿Y tu ritmo? ¿Los sueños que tenías?  ¿Lograste perdonarte lo que hiciste? Más terrible aún: ¿lograste ya perdonarte lo que no lograste?. Eres joven todavía, la piel sigue firme, los ojos  chispean: vives, eso dice tu cuerpo de tí. Los senos no terminan de caer, los kilos de más te sientan bien. ¿Qué más querías? ¿Qué más quieres? La piel se manchará pronto, el pelo adelgazará, tus ojos se volverán piedras ajadas y tus senos caerán por fin en su peso grávido. ¿Estás preparada? Nadie está listo para la edad en la que caemos, y te verás en el espejo pronto y preguntarás a dónde se fue el tiempo, qué hiciste con él, cómo es que se fue, así, de manera tan brutal notarás que estás cerca de la muerte en la que no habías pensado. Mortales que no piensan en su entidad. Levántate. Regresa a tu vida porque es lo que hay. Como sea pero es lo que hay. No rumies los hubieras porque se marcan las líneas alrededor de los labios. Los labios dejarán de arder con besos de desconocidos.  Sé clara,  es tiempo, es tiempo de asumir que uno está solo, que uno estará solo y es así como va. Tienes que fortalecer este tiempo, para que lo recuerdes sin manchas porque vives, porque has vivido y el tic-tac te lleva y te trae, te lleva y te trae, y te arroja a donde estás: el presente es el tiempo que se vive: no mira atrás pero tiene atrás y no mira adelante porque no sabe mirar hacia allá.  Esta mañana no hay viento, seguirá el calor y los instantes caen en la tierra en  un goteo que no cesa.

quién mira los relojes

abril 30, 2009 4 comentarios

Cuando las criaturas del espacio exterior escriban nuestra historia, se reirán de nuestra profunda ineptitud. “Pobre seres mortales, obsesionados con el tiempo. Sus más grandes pensadores y hombres de ciencia no hicieron más que preocuparse por lo que no podían controlar.” Y tendrán razón: Einstein describió nuestra fenomenología del cuerpo y el espíritu; Sartre armó el puente entre la invisibilidad de las fuerzas cósmicas y la fisicalidad de nuestro perenne cuerpo en el mundo en movimiento. “It’s fourteen hours,” me dice mi computadora en voz alta al tiempo en que intento teclear esto. Tienes razón, pienso, el tic-tac es una región de la mente, es también lo que tenemos en común con el resto de los hombres. Intento cambiarlo cada mañana, pero el tic-tac es inclemente. Está adentro y está afuera de mí. Sé que hay quienes apenas se despiertan cuando yo ya llevo horas de sufrir el minutero ante el teclado. Se levantan y se rascan la cabeza pasado el medio día, arrastran los pies hacia el baño, bostezan como leones malnutridos y se limpian la baba nocturna de las comisuras de la boca. Mientras tanto el mundo ha envejecido y otros estamos destruídos por la angustia. Pero están aquellos que se lo toman con religiosa calma. No guardan ninguna remotísima culpa. Sólo existen, deciden el paso de un día al otro como quien juega aburrido con el control remoto una tarde de domingo. Fue en el Café Tabac, en la esquina de la Brouwersgracht con la Prinsengracht, que sentados en la barra frente al segundo espresso con antojo de cerveza belga y la mirada de una helénica belleza de barista le dijiste a tu amigo de viaje casi hermano, “tienes que aprender a perdonarte.” Qué rápido olvidamos y qué fácil es recetarle a los demás la medicina que nosotros necesitamos con urgencia. Total, nunca nada acaba y si acaba ese no es el final. Einstein fue lo que quería explicarnos, la relatividad de cada letra del tic-tac. El guión es una pausa. Un puente suspendido. El abismo es siempre una tentación, pero hasta el fondo está el flujo permanente del río de los tiempos, y si nos toca suerte la marea estará alta y tranquila, y recordaremos nuestra infancia, y volveremos a nadar.

árboles y relojes

abril 29, 2009 Los comentarios están cerrados

Porque la ciudad ardía y yo había olvidado tu abrazo. Las hojas que caen y acolchonan las aceras tienen la textura de la piel, ¿te habías fijado?. Suaves o crujientes como piel viva. Los árboles cumplen los ritos de las estaciones y las jacarandas comienzan a palidecer. No quieren irse pero se sacuden la cabellera y quedan desnudas, ramas desnudas, avergonzadas. Los demás árboles viven como pidiendo perdón pero están los que rompen aceras, esos son los adolescentes: tienen energía para rebeliones que importan. Hay árboles en Africa que tienen las raíces por fuera, tienen más de tres mil años y pueden quemarse hasta la raíz sin que se sepa por qué. Se rinden supongo, o extrañan, o es su tiempo de vida. El tiempo respira en nuestra nuca por las noches que no soñamos nada y hace tic tac, por eso las mujeres corren a embarazarse de cualquiera porque muy dentro sienten el tic tac, por eso los hombres sienten que no han hecho nada y que la vida es cruel, porque creen que vivir es hacer y el tic tac está ahí, en su ritmo individual e irrepetible. También, me han dicho, algunos hombres corren a embarazar a cualquiera y las mujeres sienten que no han hecho nada aún, que no han viajado lo suficiente, que su trabajo no importa. También, me informan, hay hombres y mujeres que viven una vida entera sin escuchar tic tacs, nada de nada, no hay sonidos adentro que presionen, que los haga emboracharse y cometer estupideces, que los haga colgarse de las lámparas, que los haga reír y avergonzarse de sí mismos. Luego estamos los que creemos que el tic tac es relativo: está ahí pero no le ponemos demasiada atención. Los hijos son hermosos y dóciles en las películas, los trabajos y los días se irán definiendo qué más da, y probablemente, si sabemos tener paciencia, encontraremos caminos, donde sea que nos lleven, pero iremos porque está todo dicho y nada es nuevo bajo el sol, y vivir no es hacer, ni es sentir, ni es dejar que el tiempo pase, es otra cosa, es imaginar el árbol que arde en uno, el mismo árbol que da cobijo, y cuyas hojas son pieles que respiran. Vivir es escuchar la canción y sentir que estuvimos en otra parte, más feliz, más antigua y propia. Los errores y los días. Aprender a vivir con los tic tac de música de fondo.

al final…

abril 29, 2009 1 Comentario

Nothing ends, Adrian, nothing ever ends.

-Alan Moore

Fue decepcionante.

Al final el mundo no termina como en los libros: a la ciudad no la destruye un bicho gigante del espacio.

en el principio…

abril 28, 2009 Los comentarios están cerrados

No permitió el arquitecto del mundo que los vientos poseyeran por completo el dominio del aire; ahora apenas se les puede contener para que no destrocen el mundo…

Ovidio, Las metamorfosis.

Ahora que la ciudad nos aleja no sabemos cómo reaccionar. Es la primera vez que nos trata así, tan despectivamente. Nos deja libres de ella pero confinada esta libertad en el amplio terreno de la casa propia. Si las paredes son amplias bienvenidos los pensamientos amplios, si no, a morderse las uñas porque la ciudad, digámoslo de una vez, no quiere saber de nosotros. Respira sus calles almidonadas, en sus largas vacaciones bajo el sol. Libre al fin de los ciudadanos, se nota distinta, un poco más amable. Así serán las ciudades antes de desmoronarse, antes de caer en su definitividad, así de claras y lúcidas. Todo parece fácil ahora: las grandes avenidas se transitan, nadie tiene que mirar a los dos lados antes de cruzar las calles. El profeta Ezequiel anuncia en la radio las medidas de seguridad, mientras Isaías y Elías deciden descansar y comen tlacoyos en el único puesto, que no el mejor, de la plaza. Sólo Job sigue empecinado en que se aclaren las cosas: ¿dónde comenzó todo? ¿quién puso el cerdo en el altar equivocado? Los pájaron siguen, sin embago. Las palomas siguen. La ciudad tiene el estómago en llamas. Pero está sola ahora. Por decisión propia como debe ser la soledad. Si despierta en el instante preciso, no antes y no después, podrá salir del valle. Porque la ciudad se sueña sola y olvidada, una ciudad sitiada, aún si libre, aún si feliz en la felicidad que da el desconocimiento, el desapego filial.

apocalipsis retold

abril 28, 2009 Los comentarios están cerrados

LLegó un momento en la vida de cada hombre en que se dejaron de contar historias. Resulta que un buen día un buen hombre empezó el último relato de esta forma: “había una vez un país cuya realidad estaba hecha de ficción y su ficción de realidad.”

Al escucharlo, la ciudad entera se pasmó. La realidad los había despertado. No había escapatoria. Se cerraron las escuelas, las bibliotecas, las librerías, los cines, los teatros y las salas de conciertos. Coño, hasta la televisión apagaron. Y desde entonces todos se taparon la boca, hasta los niños y los perros. Sólo así escucharon la venida final de lo invisible.

el lugar y los precipicios

abril 27, 2009 1 Comentario

El velo no es la protección más segura contra el amor, ni el menos accesible.

Jean de la Fontaine.

Nos protegemos tanto y de tantas cosas que olvidamos llegarnos a donde sea que estemos, bajo capas y capas de orgullos y resquemores. Nos han lastimado ya bastante, decimos, pero la protección es en vano. No tiene sentido.  Respiramos aún, escuchamos aún el viento en los árboles, damos por hecho que esta ciudad no está tan contaminada ni tan poblada porque circulamos en el espacio necesario. Podemos echarle la culpa a tanto. Podemos. Mira, te decía el otro día que debíamos salir a buscar nuestro bienestar en otra parte, pero lo pensé mejor: si no estamos bien aquí dónde sí. El problema no es el lugar que se vive sino uno que no sabe vivir en sí, no sabemos vivirnos. Cada error es un motivo para el renacimiento dice un precepto budista, entonces uno se renueva constantemente. Y aún así, en estos errores continuos, incluso cíclicos, la chancla que yo tiro la levanto una y otra vez, en este renacimiento constante no me soy, no me reconozco. Reconocer es conocer dos veces o conocer de nuevo algo: ¿en verdad llegamos a conocer algo? ¿o sólo vivimos en el plano de la sospecha y la frivolidad de decir que sabemos qué nos gusta y en qué creemos?. Ni siquiera las creencias son arraigadas, los argumentos se caen a la primera discusión intensa y entonces, ah, los principios: la ética, la certeza, la verdad, el trabajo, y todo aquello en que solemos poner nuestro gran peso, la obesidad intelectual, y luego viene el aparato emocional: una serie de eventos que van desde el llanto en el cine hasta la furia dosificada, las contenciones y las libres expresiones de todo esto que uno es. Al final, qué hacemos de nosotros mismos. Nos llevamos de un lugar a otro, solemos ganarnos la vida, más o menos, procuramos no joder de más, ocupar poco espacio, guardar los gritos para los debates sobre política y literatura, y la energía amorosa también se gasta en un creer que estaremos aquí, donde estemos. El lugar que nos habita no es el lugar que habitamos. Para eso dos botones: Lezama Lima, Rubén Darío, habría que viajar a sus países para ver si los reconocemos  (aún en la mentira de conocer a alguien por lo que escribe, se sobreentiende) en ellos. No hay nenúfares ni tules, ni abalorios, ni fantasías barrocas, hay lo que hay. Un país no es todo. Ni la gente que nace en él tiene por qué ser de él, es una falacia absurda. Esto nos hace caer en absolutos peligrosos y algunos tontos convertidos en estereotipos: hay cubanas feas, mexicanos que no saben bailar y que no comen chile, argentinos simples, etc.  El lugar no es el centro. Pero tenemos que habitar alguno. Ya complejo es habitar, pensar más allá de eso como habitarnos en nosotros es quitar varios velos de los que estamos hechos. Como una fruta: de afuera adentro llena de azúcar y nosotros de fuera adentro llenos de velos y excusas. Para no dar concéntremonos de tal forma que seamos incapaces de recibir, pero luego no hagamos leña de árboles caídos y digamos de soledad o de vacío cuando no somos capaces, intelectualmente, sentimentalmente, eróticamente de irnos quitando los velos en la danza de los siete o de los que tengamos. Lo contrario es vivir en la herida abierta;  más vale tener un corazón descompuesto a uno oxidado, dijo un dramaturgo mexicano que un mal día se colgó en su casa.

la reina del lugar

abril 27, 2009 Los comentarios están cerrados

Passion moves inward, striking and blighting the deepest cellular recesses.

-Susan Sontag

Ahí viene la plaga. Para un pueblo que cree que la vida es un valle de lágrimas, donde la culpa es el motor de cada acto, qué mejor castigo que taparnos la boca. No corro, no empujo, no grito, no beso, no estornudo, no salgo, no abrazo, no viajo, no pregunto, no hablo. Sólo así la ciudad queda en santa calma: unas vacaciones extendidas. Ojalá se murieran unos cuantos, pero los políticos, los secuestradores, los narcos, los empresarios corruptos. Pero no, se mueren los pobres, los que vivían lejos de hospitales decentes, los que se quedaron en lista de espera, los que no sabían siquiera que algo tenían. Se mueren aquí y no allá porque los que se mueren son los débiles, los que de por sí ya casi no tenían nada excepto la enfermedad. Los demás, aurea mediocritas, arrasan con todos los devedés posibles pues si no en qué coños se va a entretener uno en lo que nos llega la muerte. El reino del rumor y el desencuentro. Que se detenga todo, que nadie diga nada o que se diga todo lo que nada significa. This is the way the world ends/Not with a bang but a whimper: la gran Tenochtitlán hundida en una gripa. Herencia de México para el mundo, with love: por andar de toquetones el universo nos regala esta maldición. Merecida que la tenemos, por besucones y quejicas. Ciudad poblada por fantasmas, crédulos del poder protector de un material barato. El color que nos cayó en la boca: azulito hospital, triste mediocridad hasta en este beso de la muerte. Nos cayó como anillo al dedo, metáfora mortífera de nuestra genética cultural. Al final no será tragedia. La Señora Hueva será la reina del lugar, rocanroleando en las conciencias de millones de habitantes cuyo destino eligieron regalar. Qué antojo de unos tacos de carnitas el domingo. Porque esto pasará, como todo. Porque al fin y al cabo yerba mala nunca muere.

la primavera y la ciudad es isla

abril 26, 2009 Los comentarios están cerrados

La ciudad suspende actividades. La primavera, maldita ella, trajo una epidemia que obliga a cubrirnos las bocas, las germinadas bocas para no contaminar al otro. Prohibido estornudar. Prohibido reunirse. Prohibido besarse o tocarse las manos. En plena primavera nos limitan el roce de los cuerpos. Nosotros éramos quienes habíamos perdido antes que llegaran los virus, antes de todo. Nadie nos quitó nunca nada. Los demás hablan pero no puedo entender, las palabras no salen claras desde los cubrebocas, gestualizamos desde la distancia considerable. Podríamos morir si la saliva contaminada nos toca. Nadie aprecia más la vida que cuando se hace promoción de la muerte masiva, fortuita. Estamos tan solos cuando se acerca la idea de la muerte y no hay nadie a quién tocar con riesgo o no. Seguros en nuestra soledad aséptica, desinfectada como una lechuga, escurriendo malsana porque no hay nadie. La calle está vacía, los negocios cerrados, uno que otro auto circula y se escucha desde la ventana segura de la casa. La despensa no resistirá muchos días y la ansiedad da hambre. Nadie llama. Estamos en crisis y nadie llama para preguntar si vives, si no te ha llegado la saliva de alguien a dejarte la sentencia final. No hay cines ni teatros ni consuelos de los conciertos al aire libre. El encierro fue la resolución oficial: para proteger a la población encerrarlos a que esperen que pase el castigo y que respete las casas marcadas. ¿Y si saliéramos todos a amarnos en los espacios públicos? ¿y si nos besáramos en la piel a vista de todos? ¿si hicierámos del amor el acto masivo como un cuadro del s. XVIII donde no se distingan los cuerpos sino una masa compacta encimada, lúbrica, una lujuria tibia y provocadora? Si antes de morir intentáramos tan sólo declararnos en pie de amor. Decirle al vecino te amo, decirle al panadero te amo, decirle al que estaciona los autos te amo. Tanto riesgo es la entrega amorosa como salir a la calle sin cubrirnos la boca en estos días. Es primavera y la ciudad es isla. No estamos solos pero esta soledad compacta nos afirma en lo opuesto. Tanto lo perdido que olvidamos el inventario. Me debo tanto pero no importa. Los caminos de la vida no suelen ser como creemos, los caminos de la ciudad tampoco. Nos queda expresarnos para nadie, porque cuando salen por fin las palabras todos se han ido a guarecer de las pestes, las entregas amorosas, los riesgos de hablar de más, de pertenencias, de las oscuridades, de las manos que ahogan, de los golpes, y están ahora lejos sumidos en las habitaciones dolorosas en que suelen leer, amar, dormir, pensar en el orden del día siguiente, están donde no estamos. Seguros, sin enamorarse, con franelas rellenando los resquicios de las puertas, seguros de que vivirán largamente.

la tierra maldita

abril 25, 2009 Los comentarios están cerrados

Hay flores que crecen hasta en las tierras más áridas. La infertilidad no es un destino, es el resultado de erosiones, movimientos tectónicos, calentamientos globales y desastres no atendidos. Entre una grieta y otra se abre un caminito. Un poco de saliva hará de agua: entre los dos navegaremos en la gota. Estornudar y llover están prohibidos. Nos levantamos como zombies para despertar a la realidad de la noticia. Nos despellejamos y vamos dejando la carne poco a poco a lo largo de la calle. Esos trozos de epidemis tendrán que nutrir el pavimento, evaporarse hacia la capa pétrea entre el cielo y los segundos pisos. Por arriba pasan los que pueden, los olvidados se quedarán bajo tierra, muertos en vida, contaminados y sin escapatoria. Son estas fiebres de abril, el calor de primavera es infeccioso. No, si no es cosa de broma, sólo hay que fijarse en las eternas filas del chismerío reprimido afuera de las farmacias de dios. Si abril volviera, ¿qué haríamos diferente? ¿Nos quedaríamos en casa? ¿Nos amaríamos de otra forma? Acuérdate de la tierra baldía frente a la casa de tus padres, acuérdate, recuerda… nadie nos ha robado nada, fuimos nosotros los que nos perdimos.

levitación de abril

abril 25, 2009 Los comentarios están cerrados

También está la pereza. Me canso de la pereza de no decidir, de dejar para mañana, incluso del bocado del día. Me canso de mí. La piel es el límite y hay algo dentro, que ocurre en su lentitud meridional, y el gusaneo de los quehaceres y tareas pasan por mi mente pero evito pensarlos. Sola en mí busco mejor el vacío que no llega porque estamos rodeados siempre y cuando estamos a solas no queremos nuestra compañía, huérfana, pobre y llena de inacabados, de retazos, de historias truncas. Hace falta concentrarse pero luego en qué, concentrarse es ponerse en el centro y recorremos la periferia inmensa como un campo abierto, no estamos, no llegamos nunca al centro. Mi centro está relleno de cajeta, así lo imagino pero luego no como dulces por eso no me importa acercarme a él. Me pertenezco de tan pobres y retorcidas maneras, en el burdo alcance del crecer se nos quedan los cabellos, la piel escamada, los senos mirando el precicipio. Salgo de mí pero no conmigo, no logro llegarme o verme o sentirme, una espectadora ingenua de lo que hago, lo que pienso, lo que como. Este cuerpo iluminado en su amarillez no parece ser de mí, se extiende, se desnuda, se mueve como si le pasara a alguien más. Cuento los centavos apilados, los segundos, los pensamientos, unos sobre otros, el estuche de la vida se apila como los platos sucios y uno se pasma, piensa que luego será mejor, piensa que el tiempo que vendrá será mejor y acostumbramos dormir pensando que algo, cualquier cosa, vendrá y suavizará el poco mundo vivible. Pasa ligera la maldita primavera y me hace daño sólo a mí.

horrible destino (redux)

abril 24, 2009 Los comentarios están cerrados

Sucede que me canso de ser pobre.

la danza inmóvil

abril 23, 2009 Los comentarios están cerrados

restless soul of mine  sailing on a paperboat in the vague idea of a night.

Esto que somos cae en su fachada de cartel, el cartel sirve para remendar los muros, tan puros los muros de la ciudad sucia. No sé bailar butoh pero me dijeron que hay que encontrar la sombra que es nuestra para hallar el ritmo y el motivo del baile. La ciudad no tiene sombra y mi alma no encuentra descanso. No sé estar en mí. Y es que a veces la vida no es mía, no sé de mí para los otros. Me cobijo en la sombra que me inventan pero sé bien que no es propiamente la mía, pero como no sé cuál es la mía no intento defenderme de la idea de mí.  Los carteles son como timbres postales, ¿quién los pondrá en su lengua antes de ponerlos en los muros? son tantos que esta ciudad se debe ver desde arriba a una distancia considerable como un sobre exagerado de timbres postales. Curitas para el alma. Pero nos conformamos con la ropa que nos cubre. Que nadie vea las heridas de la noche, tengo la oreja rota, los labios marcados y la cabeza fue usada para juegos antiguos de pelota. Aunque no recuerdo bien. Demasiado gin and tonic, demasiado. Las bebidas blancas son peligrosas pero hay una rodaja de limón como una promesa y los hielos son agua contenida, materia de contención pero luego ceden ante el agua relajada y se vuelven una sola. Podríamos tener un hombre cada noche, podríamos. Curitas para el alma. A falta de la sombra y del hallazgo de uno, inventemos la intimidad. Es fácil desnudarse de la ropa, desnudarse de uno no. El cuerpo se ve pero no las heridas de la noche, de otras noches, de algo dentro que llamamos propio. No sé bailar nada, pero me cubro como puedo y apenas pretendo moverme como una palmera tímida. No sé estar en mí, no me encuentro, me dejo llevar como la mayoría se deja llevar en un rebaño dócil, el señor es mi pastor y nada me faltará,  y justo antes de pasar la tarjeta en el lector la fila se detiene en el metro y puedo entender el ritmo de mi especie.

la silueta en el espejo

abril 22, 2009 Los comentarios están cerrados

Animals, whom we have made our slaves, we do not like to consider our equal.
-Charles Darwin

Se requiere mucha disciplina para ser humano. Necesitamos una fe infinita en que hay que levantarse, seguir los pasos diarios que arman la fisonomía de los días, creer fervientemente en que las penas tienen una razón de ser y consecuencias positivas. Los jóvenes, los drogadictos, los alcohólicos y los deprimidos tienen en común la capacidad para vivir sólo en el presente. Abandonada toda ingenuidad por el futuro, lo único que cuenta es la solidaridad del momento: ese instante en que el cuerpo funciona como debe porque le hemos provisto de su urgencia. Físicos, matemáticos, lingüistas, barrenderos, genetistas y narratólogos nos hablan de los ejes x,y de la experiencia, la flecha horizontal que nos perfora de los pies a la cabeza y la tumba cotidiana del avance vertical del calendario. Las pequeñas libertades son los espacios minúsculos e insuficientes entre un aro y otro en la cadena inquebrantable. Somos súbditos y fieles porque no tenemos las tripas suficientes para admitir que el barbón de Gower Street era un romántico. (Quizá no -a lo mejor los románticos fueron sus lectores, sus patrones, amantes y mecenas, y el viajero del HMS Beagle tenía al realismo idealizado). Porque somos la masa de minúsculos mamíferos, parásitos indistinguibles unos de los otros, corriendo atarantados, sin un segundo para ponernos a pensar en la tragedia de nuestro sonambulismo. No por ser hombres y mujeres tenemos algo en común o el deseo de entender qué significa ser el otro. Banderas, banderines, pasaportes, lenguas, modas, órganos sexuales, carteras, diplomas, pieles y equipos deportivos son los espejos rotos de nuestra incapacidad para amarnos como prójimos. Las fisuras de las cadenas que nos atan son las amistades resultado del trabajo diario por mantener las diferencias, amando ese abismo entre los unos y los otros, reconociéndonos en nuestra soledad y nuestro final deseo de un abrazo. La silueta en el espejo no soy yo ni eres tú cuando me miras. Salirse del vértigo de la manada que corre al precipicio ingorante de su sino requiere de coraje: aprender a descubrirnos en el otro como sombras.

las cadenas eran invisibles

abril 18, 2009 Los comentarios están cerrados

Y al final del viaje, de vuelta en casa, se encontró con que nada, ni el pesado aliento de la ciudad, ni la capa de polvo en la biblioteca, ni los licores guardados, ni los olores de la familiaridad habían cambiado un ápice. El jardín resoplaba en el mismo descuido, el calor era un abrazo de dama gorda sudando las mejillas en el beso obligado. Las cadenas eran invisibles; después de todo, ¿quién elige su pequeña libertad? El horror tenía el rostro apacible de cada mañana, cada tarde, cada hora y cuarto… sí señor, no señor, como usted diga… el color de las polillas es la obsesión de la lámpara mientras la jaqueca se asoma desde la oscuridad que había creído olvidar. La silueta enmarcada en el espejo venía de otra parte. No era él el viejo que regresaba la mirada… no era él, no podía ser él. Fatal y sin anunciarse, había llegado el momento: las cosas son exactamente iguales. El elefante había encontrado la rendija de la memoria. Los párpados rodean el cuerpo como arrugas que protegen y la piel es rugosa, resistente y gris, ceniza. ¡Es esto! finalmente es esto, aquí está el libro de la vida deshojándose a su ritmo, amarilleando, descansando en la cornisa antigua y oxidada, tal como recuerda desde siempre.

apocalipsis redux

abril 17, 2009 1 Comentario

Había una vez un hombre que navegaba encadenado por el reptíleo río de la vida, el viaje entero con su corazón en las tinieblas. ¡El horror, el horror!

las cadenas del elefante

abril 16, 2009 2 comentarios

Me tengo en una certeza: la cuerda es floja o tensa en demasía. Pocas veces uno camina en ella y avanza. El cuerpo mismo es una vasija frágil, y las palabras, oh las palabras son un molde que raras veces sale del horno con la figura original, el origami de los pensamientos en dobleces, la sensación de que esto que pensamos cabe en las tarjetería sosa, ilustrada,  sencillita y puntuada correctamente. Deseo que… Quería decirte que… Te quiero…  Porque otras palabras viven dentro. La cuerda reclama nuestros pies, descalzos. Nos amoldamos con todo el peso encima de ellos y los vemos desde arriba: las extremidades sorprenden, nos extendemos: somos capaces de arrojar cosas, de andar, de acostarnos en ellas, en hacernos doler cuando caminamos de más, cuando no vemos la piedra que atraviesa el destino, o el camino empedrado s. XVI, el original, y México era Nueva España, una españa que no logra ni reconstruir otra ni ser la misma: como la talavera, las tradiciones orales, el rencor de clase, los imaginarios  sociales y la comida. En el sótano de la iglesia de Sta. Prisca hay una galería de retratos de los inquisidores: ninguno sonríe, los cuadros son oscuros y siniestros, los sitúo perfectamente ante hogueras quemando mujeres y hombres con esa cara adusta. Rostros sin compasión. Persiguen por la habitación y dejan de ser ellos: la oscuridad es mayor, viene de tantas partes que rodea los pies, sube por las rodillas, se amolda a los muslos de distintos tamaños, serpentea en el vientre y se llega a la garganta. Es entonces cuando se abren los ojos y no podemos volver a dormir. Morir debe ser eso: no poder regresar al sueño, a la cama, al cuerpo que creímos propio, al olor familiar de la sábana, la humedad de la ventana a medio cerrar. Me conozco, me soy, me arriesgo, porque vivir es un arriesgarse en capas ligeritas como de cebolla fresca: una protege a la otra: hay que evitar que se llegue al centro, y en el centro estoy yo, pero cada día arriesgo una capa, las transparencias se agotan y doy de más, no puedo conmigo, no me sostengo, me agoto porque vivir es un ejercicio cansado: damos, revelamos, tocamos, hablamos, cada día es un desgaste. ¿Todo para qué? ¿para qué tanto amor? se nos quedan los pies, las manos, las cuencas de los ojos, los meñiscos, el clítoris, los labios entreabriertos, la entrepierna, las orejas, las cejas, esperando el deleite y la serenidad, porque son guardianes de nosotros: las capas que habitan. Hay una dureza en el batir de la sombra y la golondrina no viene al verano y el ave suspira enmudecida, enmohecida, porque ha sido, porque ha visto, porque ha reclamado. El cielo es una extensión de la movilidad del recuerdo: la cuerda que se extiende jubilosa sostiene la lona del circo y las cadenas del elefante son débiles.

perder el equilibrio (revisited)

abril 15, 2009 2 comentarios

De una página a otra pasa un mes. Los días tienen todos los mismos números; cada día es el mismo cada semana. Los nombres se repiten como las horas se repiten cada día. Hoy es hoy y mañana será mañana, comprenderlo no requiere de ontoteologías, pero esa sencillez de la laguna futbolllanera requiere de meditaciones un tanto metafísicas, lo suficiente para fruncir el frente y el trasero. Ustedes disculparán la tele-o-logía de este escatismo que es la aburrición de las palabras que ya existen. Al fin y al cabo ustedes ya lo saben, la fisonomía de los días tiene un metabolismo variable (de lo más voluble), gaseoso sube y baja como la espuma de un tarro de cerveza, como el optimismo mañanero o la verticalidad sanguínea de la juventud. Hoy es hoy pero podría ser cualquier día, la diferencia está en el tamaño de la letra, las condiciones climáticas y la profundidad de las arrugas. Hoy pensé que era mañana y construí horizontes en el pantano de la página incorrecta. Los aide-mémoires son post-its descoloridos cuyo pegamento avejentado sale volando como papalote onírico y jungiano. Las terminaciones asustan por resbaladizas; la lubricación de la neblina, el rocío de la lluvia en el día que prometen imperativa e inesperadamente caluroso. Saber que hoy es hoy es cosa de esfuerzo del intelecto y la pulsión. Atlas malabarista y cirquero, con una sola pierna se equilibra sobre la isla que es la piedra con que hace squats con el esférico planeta. Perder el equilibrio es cosa de despapelar el diario. Animarse: agarrar impulso, darse cuerda, llenarse de aire, inflamarse de almas neumáticas nubladas. Cómo decirte, la certeza de mí mismo termina con la eterna repetición del calendario.

le eternidad y la certeza

abril 14, 2009 Los comentarios están cerrados

Todo perdía la eternidad y la certeza; en un soplo, al instante, se robaban de uno las más bellas cosas.

Joao Guimaraes Rosa.

 

Pasaba que el mundo no quería venir. Se había quedando en la ventana pasmado mirando el carnaval de pascua, los juegos mecánicos, los buñuelos crujientes, los hotcakes empalagosos, los niños con manzanas petrificadas en caramelo, los infinitos puestos de tacos, los puestos de tiro-al-blanco, el pan recién hecho: de huevo, con azúcar, con canela, el pan duro, el pan diario, el pan imprescindible. Todo ahí tenía un aire de religiosidad, para que uno no olvidara los motivos del desorden, de la algarabía. El corazón es un caballito de feria, debíamos saberlo: da vueltas y vueltas en el mismo perímetro. Pasaba que el mundo se negaba a salir de la casa, enmudeció y no escuchó razones: no quería, no quería. Que lo dejen en paz fue su última resolución. Prefería sobre todo mirar las parejas en las sombras de la esquina: cada beso parece único, cada caricia irrepetible. Y luego nada. Si pusiéramos en una cajita los amores y los rostros, las palabras que nos fueron dadas, si fuéramos capaces de recordar, si tan sólo cerráramos los ojos y les diéramos al instante el olor, la canción que nos lleve al pasado donde teníamos algo; aprendimos a dejar ir y no, no siempre vuelve lo que amamos. La ola no regresa los objetos del querer a la orilla soleada; la ola también se guarda tantas cosas. El mundo está vacío por dentro, no tiene estímulos salvo lo que pasa afuera. Le han arrebatado demasiado. Eso es, ni siquiera le han pedido, le han arrebatado. Víctima del robo se niega se niega a salir de la habitación. Prefiere ver de lejos lo que pasa. La alegría de los demás se suspende en un alejamiento difícil pero eso es mejor que salir y ser abordado como un barco pirata, que se debiliten aún más las ganas de ofrecer. Así como uno se monta en los zancos de la gravedad y la gracia, paso a paso, poco a poco,  podemos intentar no perder el equilibrio entre la eternidad y la certeza.

teoría de las falanges

abril 13, 2009 Los comentarios están cerrados

Leave the past behind; leave the future behind; leave the present behind. Thou art then ready to go to the other shore.

-Buddha’s Teaching, 348, translated from the Pali by Juan Macaró

Somos tiempo. Inventamos formas de entender qué somos y dónde estamos y a dónde vamos construyendo instrumentos de medición. Pensamos que somos o sus víctimas o sus creaturas or sus amos. Pensamos que el tiempo está fuera de nosotros, que nos supera y trasciende. Pero no, el tiempo no son los segundos, minutos y horas con las que ahogamos o justificamos nuestro agobio. No somos otra cosa que el infinito del nautilus. La mente humana la imaginó Moebius como el símbolo del infinito. Es en ese vacío en que cuerpo y alma se dibujan en el horizonte de este mundo. Nos hemos hecho a la idea. Bibliotecas se han llenado de volúmenes que sólo unos pocos han leído, disertaciones sobre la naturaleza del ser, del ser-en-el-mundo, del ser-en-sí, del ser-para-la-muerte y del ser-para-más-allá-de-mi-muerte. Todos ejercicios divertidos para encontrar sentido y dirección al caracol de la conciencia. Si no qué sería esto si no eso. Para qué los pronombres, las preposiciones, verbos y sustantivos. Para qué querer hacer algo con la cosa. Preguntarse por el objeto de la frase. Pero todo es latido. El pulso sanguíneo que con cada respiro manifiesta su destino. Infinito, no línea progresiva, no para qué ni desde cuándo. No nos queda más que dejar todo atrás, pero ese atrás (quoth the raven: nevermore) desafía la gramática. Fluir en el siempre-futuro postergar del parpadeo del cursor, el espacio entre las teclas, el movimiento de los dedos, el dolor de la muñeca, el reumatismo de las falanges. Escribir y hablar son por eso, como amar, la expresión más literal de nuestra esencia (y qué es amar si no hablar el lenguaje de lo humano). Poesía es abandonar la noción de utilidad en la conciencia de ser uno y sólo uno. La luna y las olas, el subir y bajar de la marea lo han sabido desde siempre. No hay ayer ni mañana y no hay hoy más que este discurrir eterno de lo mismo. En la arena el mar arroja a la orilla el vacío de la concha.

evolución del molusco

abril 11, 2009 Los comentarios están cerrados

Nos  dejamos llevar por la marea, nos atraviesa el agua de fuera al centro y el agua nos conduce: somos el támesis y el sena, el río churubusco extinto, somos los cauces que van a dar en el agua infinita y salada donde morimos todos. Era un molusco cuando vine aquí. Me pegaba a las rocas y me comprimía ante la amenaza. No sabía nadar, no hacía falta, me dejaba llevar y me pegaba a las rocas, la marea era el embate que soportar, como el viento en la rama el pájaro respira. Y permanece. Los peces son tantos y uno es uno solo. Un laberinto hay en la concha, mi portada de libro, mi apariencia: la naturaleza tiene armonías dispares: un laberinto puede ser un no-lugar, para llegar a ninguna-parte y perderse,  habitando el no-existir. El molusco es una roca, llevo en mí la casa entera para no conocer orfandades y vivo en mí con la música a todo volumen, limpiando, tendiéndome al sol, abriendo los ojos a los días claros, a la montaña, a los cactus en el borde de las rocas, a las palmeras tontas que bailan sin escuchar ninguna música, a lo que vive y a lo que permanece después de vivir: hay en la arena como en una ofrenda los huesos secos de un pelícano.  No hay voluntad en mi especie, hay una terquedad de vida pero esa puede ser estrujada al menor movimiento de la ola. Pero vuelvo, de todas maneras vuelvo: molusco, crustáceo, mamífero vuelvo. A mirar con ojos de aquí y decir que partió un barco de mí llevándome.

multiplicación de los peces

abril 11, 2009 Los comentarios están cerrados

Lost are they who grasp the Ungraspable

-Odysseus Elytis, Diary of an Invisible April, Holy Saturday, 25

Sucede que a veces estoy como pez fuera del agua. Me azoto. Bailo un break dance apopléjico, atonal y solitario. Mi piel brilla con el sudor de otros días y me resbalo. Me imagino caer en el aceite hirviendo, cubierto en el batter de los tiempos. Así pasan las horas en el desierto. El sol está oculto y además llueve como cuando cae la cortina después de la función. Un pez terrestre y un desierto húmedo. Así sucede que una tras otra las feces se multiplican. El agua se convierte en vino y la cabeza en puré de calabaza. Porque el cuerpo se rebela; hay que ponerlo en orden, decirle, respira, un, dos, tres, un pasito pa ‘delante. Las uñas crecen como memoria jurásica de nuestra animalidad. Los pelos hirsutos brotan por todos lados. Todo es barbarie cavernícola, de anfibio primigenio. Nos multiplicamos sin cesar y casi sin pensarlo. Vivir y reproducirse no es más que un deseo de muerte, inmortalizarnos en la infinita continuidad, hasta que el desastre nos separe. Las leyes de la física y de la tragedia lo querrían explicar: tal como el pez quiere seguir nadando fuera de su elemento, una fuerza irresistible nos impulsa hacia el futuro. El recuerdo del agua nos acosará toda la vida, en cada espasmo la nostalgia del romper de la burbuja. Seguimos pataleando aunque tengamos los pies clavados en la cruz. El anzuelo, espina oxidada, nos perfora la garganta y surge ensangrentado por detrás de las orejas. Nuestros ojos bien abiertos, cristalinos, acuáticos, en la mirada fija el reflejo de la muerte.

figuración de las naves

abril 10, 2009 Los comentarios están cerrados

El trópico salta y su chorro invade mi cabeza pegada duramente contra la costra de la noche.

Virgilio Piñera.

Porque era al atardecer. Un atardecer escarlata. ¿Recuerdas? El mesero dejaba de limpiar las mesas y recoger las sillas, las mujeres y hombres cerraban los libros, los bañistas salían del agua, los niños dejaron los chillidos un instante, porque se hizo la luz. Contemplábamos el sol como si fuera una tarde que veíamos por primera vez el sol rojo en el mar. No es lo mismo una vez que se ha estado ahí. Viajeros somos todos, aún cuando jamás salimos del puerto, pero una luz así no puede salir de nosotros, no debe… ¿recuerdas? Compartimos trozos de luz con desconocidos pero tú y yo éramos los mismos, o quizá ya no, qué más da, porque miramos la noche que cae con ese último acorde lumínico, fatal, y tan breve. Porque las naves no podrían ser abordadas de nuevo, lo sabíamos, ¿verdad? Las naves quedaron vacías sin nosotros pero era preferible a viajar en naves apuñaladas, nos hubiéramos roto en la primera inmersión, nos hubiéramos arrojado por la borda para no perecer bajo el sol, el mismo que ilumina, el mismo que veíamos esa tarde cuando creíamos aún en despertar juntos. Hay tantos atardeceres escarlatas lejos de nosotros, hay tantos mares lejos de nosotros pero esta certeza de que ya no podemos recuperarnos, compartir la luz, el pan, la leche, la fruta fresca, nada está más en el lugar que dejamos, nada está más en el lecho que dejamos, en la playa donde se quedaron otros mientras tú y yo volvíamos a ser tú y yo y el mar era un recuerdo en la fotografía, ¿recuerdas? una sombra atrás de las sonrisas, una presencia ingenua como quien se desprende de lo que quiere, como quien no sabe a dónde van a dar las mareas.

discontinuidad de los barcos

Don’t believe anything he tells you. He’s lying, no matter what he says.

-Ryunosuke Akutagawa, In a Bamboo Grove

Vamos por la vereda tropical que es esta vida como barcos ebrios de tanto mar. No sabemos nadar, por eso flotamos. Hasta que chocamos con otro barco, o cuando sorpresivamente la orilla de una isla o un nuevo continente nos perfora el estómago. Había una vez un hombre y una mujer unidos por las costillas. No eran gemelos, sólo habían encallado al mismo tiempo en el mismo lugar. El corazón es una isla desierta y la piel es el pergamino donde dibujamos la cartografía de nuestras vidas. La bebida y el diablo se llevaron el resto/la botella de ron. Así nos tambaleamos por la superficie del mar, las profundidades tan lejos y tan cerca. Un dedo causa un remolino y la fuerza centrífuga causa desastres naturales en las ciudades, incluso en aquellas distantes de la costa. Que suenen los cañones/que la triuplación se moje/se arroje a la batalla/sin temores canta la sirena, borrachísima, encabronada, tantos años navegando. La piel y la tinta endulzan el viaje como la caña de azúcar se fermenta con el tiempo. Empiernados nos volvemos remos, recorremos nudos y la lengua es la unidad métrica que nos guía por la noche. El faro de la isla está roto y la torre está habitada por fantasmas. El calor pandea la madera. (No sé si les conté ya la leyenda de una pareja de piratas que causaban inundaciones a su paso. ¿Ya se las conté?). A los barcos no hay que creerles nada. Prometen destinos que sólo sus velas imaginan. La rosa de los vientos no es más que pura fantasía, florece en primavera pero el frío la hiere, la corta y la borra del paisaje. Estás ahí sentada leyendo esa historieta de piratas y a tus espaldas oyes el llorar de las gaviotas y tu piel suda el olor a sal del mar. El garfio entra por la espalda y sale por el costillar. Such is life in the tropics. La mentira navega con bandera de verdad.

simultaneidad de los desembarcos

abril 8, 2009 4 comentarios

La ola es el monstruo que busca el tazón de alabastro cuando dos manos viajeras deciden desembarcar a la misma hora.

José Lezama Lima

Las piedras recuerdan, pobre destino de Funes,  y el agua es la desmemoriada (olvida las citas y los acuerdos, los trámites, las fechas-límite, olvida dónde están los lugares que frecuenta). Finge demencia mas es conveniente su fragilidad mental, traviesa y seductora. Las aguas del Leteo. Nunca es la misma, transformista y trasvesti, transexual… vive en tránsito. El agua que llega a tus pies en la orilla no es la misma del fondo que no sospecha tu piel ni tu aroma, no le importa la superficie. Como quien se desangra en las calles oscuras con el picahielo incrustado en la costilla el agua se extiende lúbrica sin testigos y sin pena.  No ha llovido aún pero la ciudad resopla sedienta, su garganta vive seca y no sabe ya qué más decir.  Tú llegabas al mismo tiempo que yo, vivíamos en la misma ciudad, seguro nos cruzamos más de una vez en los mismos sitios: el pasillo de la facultad, el cine, el transporte público, algunas fiestas en que nos vimos sin vernos, de reojo. Nos teníamos sin habernos hablado o tocado, nos teníamos fuera de los sentidos. Cuando caí sobre ti y cuando dejaste que cayera sobre ti fue muy simple: era natural, lo esperado, lo que seguía a dos vidas que sólo por azar podrían seguir clandestinas para los ejercicios de tusojosmisojosmicuerpotucuerpo, qué más, ah, sí, túdicesyodigocaminascaminoabrazadoscomopodemosenlasmultitudes. Mi mano es breve en la tuya, mi cuerpo es breve en el tuyo (¿sabes dónde se ven mejor tus manos? cuando están en mí pero eso ya lo sabes; me gusta tanto mi cuerpo cuando está en el tuyo, somos un monstruo de cuatropiernascuatrobrazoscuarentadedos interrelacionados como disciplinas nuevas en las universidades). Finalmente, el mar nos besa húmedamente sin distinguir quién es quién: tupeloentremezcladoenmipelo, manos intercaladas, besos que llegan a confundir dónde están los labios ;el mar está libre de prejuicios, amante de todos -quién lo juzga: hay que buscarhayquebuscarhayquearriesgarse- es feliz al abrazarnos. Hasta que nos volvamos a ver.

la pequeñez de las galaxias

a million galaxies
are a little scum
on that shoreless sea

-Jelaluddin Rumi, siglo XIII

Sentados de espaldas al río le pregunté por nuestra fascinación por los puentes y los barcos. Somos 80% agua, ella somos y a ella vamos, me dijo sin pensarlo. Y luego como quien estornuda sacó su libro de bolsillo de Montaigne, quien nunca ha visto el mar se emociona con un charco. O algo por el estilo. Mi memoria está deshidratada. Pienso en las estrellas reflejadas en el río. Se confunden con los focos colgantes de los barcos llenos de turistas borrachos y ruidosos. Al final de su camino el mar no se inmuta. No le importa. La marea en luna nueva puede subir hasta diez metros en cuestión de menos de un minuto. Milenios del azotar de las olas hizo de la piedra playa. Miles de piedritas testimonian los ires y venires de la luna. Y todo lo demás no es nada. Miramos desde arriba del puente el pasar de los autos como el samurai miró el estanque repleto de carpas negras y naranjas. En cautiverio no nadan a pesar de la corriente. Sólo los peces muertos van con la corriente, leí en ese esténcil en el muro. Así desde arriba gritamos y nuestra voz se vuelve nada, como el escupitajo minúsculo que se evapora en la marea. Pieso en tí, little scum, en tu deseo cósmico de por un momento decir algo. Y te escuchamos, con tristeza. Estás vivo, pero nada significas. Crees que parándote en medio del puente derruido, bajando la cabeza y soltando tu saliva abandonarás tu condición de partícula sin nombre. El poeta japonés se quitó la vida a los 35 años. Creía que no había logrado la belleza. Con el filo de la hoja de papel la piel se corta. El goteo de tu sangre se absorberá en la tierra. Las piedras frente al mar tienen memoria.

la debilidad de las antorchas

abril 3, 2009 Los comentarios están cerrados

Los más ilustres sabios y filósofos marcharon entre tinieblas de ignorancia. Sin embargo fueron las antorchas de su época. ¿Y qué hicieron? Pronunciar algunas frases y dormirse.

Omar Khayyám.

Pobre de aquél cuya madre no le contó alguna historia. Pobre porque condenado está a beber en la adultez los relatos de los demás sin tener los primeros en la imaginación. Sin que intervenga alguna vez el apachurramiento del estómago cuando algún relato le haga recordar los primeros años, los años de la construcción de la memoria. La madalena en el té que hacía volver a la tía en el escritor parisino que hablaba de muchachas en flor.  Pobre de aquél que no tenga historias, condenado está a no valorar la repetición de los errores, la ondulación del pelo que hace recordar a alguien, la silueta de las manos que hacen recordar quizá lo que todavía no se conoce. El mundo es tantas palabras presentidas, contenidas, malformadas. Nunca iguales aún si las mismas. Palabras como nubes. Novelas como nube, Owen era un abstracto de la calle, un cubista de las plataformas del tren en marcha. Podríamos, podrían, dormir sin pronunciar palabra. Si dormimos solos nos tenemos a nosotros para conversar, o, después de todo, la gente se reproduce (oh, horror de los espejos y la cópula que multiplican a los hombres, lamenta el Borges estéril) para narrar, para tener a quién narrarse. Los famosos lemas paternos de “mientras vivas en esta casa…”, “cuando yo tenía tu edad…”, “en mis tiempos…”, “tu generación no tiene la menor idea de…”,  “ya verás cuando tengas hijos…”, están ahí para grabarse en el enojo, en la pereza y finalmente en su perpetuidad, en su eficacia cíclica… con esos abruptos totales nos arrojan de las puertas y nos dicen vivan. ¿Qué palabras tenemos para defendernos? Podemos cuidarnos tanto, cuidar el corazón, cuidar el corazón, podemos protegernos si no hablamos, podemos hacer tanto, pero el pez por la boca muere y nos vamos sumergiendo en palabras redes y no vemos el hilo del labrinto. Asterión está preso, oculto a los ojos de todos, sin derecho a las palabras. Es Ariadna, la hermana, quien llama pero no es por él que ella nombra, sino por el amante extranjero. Los cauces del amor están decretados. Aún en la inanición del silente, o  a costa de él, el sacrificio del tercero para que dos sean, logren ser. Los triángulos no todos son  equiláteros, aunque su piramidal sustancia empine el aliento al cielo. De la tierra nacida sombra… viene la mujer enclaustrada con sus palabras amables a mi oído. Son las doce del día y la sombra hace eco en los edificios, palabras, palabras, palabras, me asomo al puente y es entonces que grito como hay quien escupe a los autos que pasan.

los objetos de la imaginación

Hay que abandonar la pretensión de decir cosas nuevas. ¿Qué son las “cosas nuevas”? Esta mañana me parece que no hay nada nuevo bajo el sol (será que el sol hoy está escondido por una densa colchoneta gris), escribir a la intemperie es digamos otra cosa. He leído a uno que otro escribano relevante de la historia mundial y me doy cuenta que lo que escribían no era “lo nuevo.” Al contrario. Las palabras o las cosas. Las palabras son estos objetos con los que se arman imponentes fortalezas o frágiles jardines perenes. La mente está llena de estos objetos que están todos lados: la toronja diaria que causó que una mujer perdiera la pierna izquierda; el caso de un hombre y una mujer, feliz pareja durante años, encontrados muertos por la policía junto a una sola pistola, no hay sospechas ni sospechosos. Nadie sabe qué pasó, ni la toronja ni la pistola. Las palabras como objetos han sido víctimas de una sistemática campaña de difamación. Se cree que su destino son las listas de best-sellers, los premios suecos, las becas estatales, los cocteles diplomáticos. Confundimos la sustancia con la esencia, o más precisamente la materia con lo material. Jesús no quería que todos fuéramos pescadores o carpinteros, sino que multiplicáramos los peces diciéndonos mentiras los unos a los otros. Por eso aquél corrió a los mercaderes del templo, porque usaban la palabra como moneda y mercancía. La imaginación está plagada de palabras porque de ellas es el reino de los sueños. La vida es sueño y los sueños sueños son simplemente porque eso está dicho con palabras. Perchance to dream, porque quizá al fin y al cabo la palabra no es más que sueño. De niños nos duermen con palabras y de adultos también. Te recuerdo en tu palabra, palabra que sí. Te veo de pies a cabeza y se me ocurren las peores palabras, palabrotas. Me gusta tu tipo de letra cuando te desnudas frente al escritorio. Me gusta cuando hablas porque estoy como ausente. Me pierdo en la palabra que esgrimes con tu lengua. Una mujer fue sentenciada a 15 años de cárcel por arrancarle la lengua a un hombre en un alcoholizado beso de cumpleaños. Él sólo entendió lo que pasaba cuando al separarse ella le sonrío con la boca ensangrentada y su lengua entre los dientes. Sólo así se atrevió a preguntarle si él la amaba. (El que calla otorga). La letra y el inconsciente, al pie de la letra es pura palabrería. Se los juro. La letra escarlata era una letra robada. Lacan se la robó a Poe y Poe se la robó a Hawthorne aunque quizá fue al revés pero no importa. En verdad no importa. Lo único que importa es escribir. Existir en el fluir de la palabra. Por supuesto que este fluir es la cosa más llena de cosas, la ruta más difícil, estelas volcánicas en el mar, how many words must a man write down before you can call him a man. No hay conciencia sin palabra: decía el filósofo que sólo se ama si se sabe que se ama y sólo se sabe que se ama si se dice que se ama. Nadadequeamemosensilencio. Ustedes perdonen: esassonmamadas. Quién se lo hubiera imaginado: no sé cómo es que me atrevo a firmar esto. Feel free to object. Palabra.

radiografía sentimental

abril 2, 2009 2 comentarios

El otro día pusiste tu cabeza en mi pecho y escuchaste mi corazón. Es extraño, dijiste, escuchar tus latidos. Entonces me aceleré. Tu voz aceleró el tambor imprescindible, y no pude evitar que notaras que tu voz adentro hizo ecos. Mi corazón, como el bebé reconoce la voz de los padres, te reconoce. Y duda. Sólo basta que te acerques y me digas algo, cualquier cosa para que sepa que estás ahí y mueve la cola como un perro alegre. Sabemos tan poco el uno del otro. ¿qué hará mi voz en ti? ¿qué revelaciones hará que no me dices? ¿qué pensarás de mí cuando me despides y llegas a tu casa limpia de mí y duermes conmigo en mente, qué pensarás? ¿qué datos te doy para completar rompecabezas? quisiera escuchar tu mente como tú escuchaste mi pecho. Alzar mi cabeza y acercar mi oído a tu oído y como en una transferencia saber qué piensas, qué sueñas, qué hay en los silencios. Radiografía de la mente y del corazón. Los rayos x de tus sentimientos. Las revelaciones y las reacciones que te suceden cuando me acerco. Los amantes se distancian porque buscan tanto reconstruirse en la distancia, cuando están cerca no pueden verse ni pensarse, la presencia estorba la estimulación erótica. Reconstruir las conversaciones minúsculas, la mano sobre el pelo, el agotamiento, el olor, la forma de los dientes, la breve curva del abdomen, el contorno de la boca, la boca es un corazón también: palpita. Todo esto no es posible ante la presencia, por eso hay que alejarse para enamorarse, para seguir amando, para desamorarse. Deberíamos ser transparentes, usar palabras traslúcidas que digan lo que son, que sean de una boca a otra una estela clara, un vaho sin dobleces, el hálito inescrutable del sentido. Ser capaces de decir mesa o canasta de pan o globo o espejo y que los objetos sean lo más cercano a esos objetos de la imaginación del amante. Vernos mirándonos, vernos con el cuerpo, vernos en la lejanía y reconocer que el espectro es luminoso.

de pasada

abril 1, 2009 Los comentarios están cerrados

La ecografía, ultrasonografía o ecosonografía es un procedimiento de imagenología que emplea los ecos de una emisión de ultrasonidos dirigida sobre un cuerpo u objeto como fuente de datos para formar una imagen de los órganos o masas internas con fines de diagnóstico. Un pequeño instrumento “similar a un micrófono” llamado transductor emite ondas de ultrasonidos. Estas ondas sonoras de alta frecuencia se transmiten hacia el área del cuerpo bajo estudio, y se recibe su eco. El transductor recoge el eco de las ondas sonoras y una computadora convierte este eco en una imagen que aparece en la pantalla.

-Wikipedia

Me queda claro que estamos sólo de pasada. Avanzamos por este siglo de las luces y cada vez es más raro podernos detener, apagar la pantalla y mirarnos a los ojos. Por supuesto -se asume cierto- no quiero decir que tengo nostalgia por los días en que no había luz artificial. Tampoco es que quiera decir que ya no nos veamos, al contrario, porque si hay algo que hacemos estos días es mirarnos. ¿Entonces qué? Bueno, no se desesperen. ¿Ven? Estamos de pasada, pasajeros, por encimita, un ratito nada más. No es cuestión de relatividades, de la edad del dinosaurio o las arrugas profundas de tu madre. Y no, no tiene que ver con el cronófago de Cambridge, esa criatura infernal metalizada que de todas formas camina robotizada como el resto de nosotros hacia un destino igualmente conocido. No se rían, lo digo en serio. La risa es como otras formas de placer el paradigma de lo efímero. Dicen que el sentido del humor de los romanos tenía que ver con hombres que esperaban. La ciudad eterna sabía verdades que hemos olvidado. La tortura del otro como entretenimiento pasajero. Total, que no nos queda otra cosa más que el rápido recorrer de las pupilas. Qué es esto que les digo si no el discurrir del tiempo. El sentido no es significado, tampoco es dirección que lleva a alguna meta; el sentido es la pura piel que envejece con las mareas y los vientos. Hay playas que esculpen los rostros de sus solitarios habitantes. El aire, los minerales y el agua hacen excavaciones en la superficie. Lo que escribo para ustedes es la imagen de un sonido. El testimonio de nuestro tránsito por este mundo, tan joven y tan viejo al mismo tiempo. Sé que me quieren ahorcar, agarrar a cachetadas, echarme un balde de agua fría, decirme, despierta, no mames, no pierdas más el tiempo, you are not getting any younger. Cada mañana es otra pero contiene la copia de todas las mañanas anteriores. Pasaste por la casa de mi cuerpo, una visita de doctor, tomaste muestras y te fuiste. Ya en la privacía de tu hogar me habrás analizado. Yo habré hecho lo mismo en varios vecindarios. A veces me pasa que en noches claras me parece escuchar la imagen de tu voz en la distancia. Me asomo a la ventana: las estrellas fugaces son el oxímoron de la inocencia humana. El sonido de las olas de ida y vuelta. No sé si siempre, pero esta mañana, amigos míos, no somos más que ecos.

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